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La fragilidad del dominio musulmán en la Península Ibérica propicia a partir del siglo XI, al compás del proceso de la reconquista, la llegada a Castilla y León y a otros territorios españoles de una nueva corriente cultural: el románico. Una nueva forma de entender el cristianismo, tanto teológico como en lo litúrgico y, por supuesto, en sus manifestaciones plásticas, impulsada desde Roma, que en su mejor momento de prestigio y poder, intenta unificar Europa aprovechando la gran vía abierta por los peregrinos que se dirigen a Santiago a venerar la tumba del Apóstol. La empresa, encargada a la orden benedictina de Cluny, da lugar a que entren en contacto mundos que hasta ahora habían estado aislados, haciendo posible por primera vez en los siglos el trasiego de ideas y de formas artísticas. La reforma cluniacense parte de la premisa de que la unificación ideológica ha de ir pareja a cierta unidad de formas, y por lo tanto a que iglesias y conventos sigan modelos constructivos semejantes. Esta norma arquitectónico-teológica se extiende por las campiñas y las montañas de Castilla y León gracias al tránsito jacobeo, permitiéndose disfrutar hoy de un patrimonio artístico incomparable.
León y alrededores
En la capital leonesa tiene el recién llegado una cita inexcusable con la basílica de San Isidoro, pieza indiscutible para entender el desarrollo del estilo románico en la Península.
Sus dos excepcionales portadas, las del Perdón y del Cordero, contienen acabadas muestras de la escultura en relieve de su tiempo.
La recogida iglesia da paso a la joya más preciada del edificio, el Panteón de Reyes, lugar de reposo de 23 personajes regios a los que cobijan las más perfectas pinturas murales que el románico produjo en España, un conjunto de escenas sobre la vida y pasión de Cristo acompañadas de representaciones de la existencia cotidiana del siglo XII.
El Camino de Santiago pasa a los pies de otra interesante pieza románica de la capital leonesa, Nuestra Señora del Mercado, del siglo XII, de tres naves con cabecera de tres ábsides.
Junto a la capital leonesa, además de la humilde iglesia parroquial de Villarmún, puede visitar el turista los monasterios cistercienses Gradefes, Carrizo de la Ribera y Santa María de Villaverde de Sandoval.
La Maragatería y El Bierzo
A doce kilómetros de Astorga se encuentra Rabanal del Camino, con su templo parroquial de la Asunción, edificado en el siglo XII, que fue iglesia de templarios. Hay que dejar momentáneamente el Camino para conocer construcciones del románico leonés: en La Bañeza aún se puede contemplar el ábside semicircular del lo que fue la iglesia de San Salvador, erigida en el siglo XI, y en Destriana se conserva una modesta iglesia dedicada al mismo santo.
Llegado el viajero a Ponferrada, capital berciana, puede interesarse por Santa María del Otero, pequeña y bellísima iglesia del siglo XI, de los albores del románico en la región. La ruta sigue por San Pedro de Montes de Valdueza, cuya iglesia presenta la traza románica del siglo XII. A quince kilómetros de Ponferrada se encuentran los vestigios de otro célebre monasterio berciano, el de Santa María de Carracedo.
Antes de entrar en Galicia, recalamos en Villafranca del Bierzo, donde puede visitar la iglesia de Santiago, del siglo XIII, y su célebre Puerta del Perdón.
A pocos kilómetros de allí, la localidad de Corullón, reúne en su caserío dos altas muestras del estilo en León: la iglesia de San Miguel, de comienzos del siglo XII, en la que resulta de primer orden la decoración de canecillos, y la de San Esteban.
Para finalizar este recorrido por el románico de León habremos de dirigir los pasos hacia la Montaña Cantábrica, donde se pueden visitar iglesias como la de San Vicente de Candanedo de Boñar, la parroquial de San Martín de Valdetuéjar y, sobre todo, la colegiata de Santa María de Arbás del Puerto, dominando el puerto de Pajares.
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