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Las Médulas, paraje increíble, obra gigantesca de la ingeniería romana, para extraer el preciado oro. Aquí los romanos removieron millones de toneladas de tierra mediante el procedimiento conocido como "ruina montium". Montañas enteras quedaron reducidas a barro y oro que fue a engrosar las arcas del Imperio.
Es posible llegar en coche hasta el mismo cuenco de la explotación; sin embargo, se recomienda hacer el último tramo (1,8 km.) a pie a fin de disfrutar más del entorno; el paseo entre los castaños, por ejemplo, resulta delicioso en cualquier época del año, especialmente en otoño.
Si continúa por la carretera, irá dejando a ambos lados senderos que le conducen a diferentes rincones, con vistas siempre sorprendentes de los diferentes aspectos de la explotación aurífera.
Desde el punto de vista geológico, el yacimiento aurífero de Las Médulas es de tipo secundario, lo que significa que el oro no se encuentra en filones o de forma masiva en la roca. Se trata de un "aluvión del Mioceno, formado por conglomerados a base de cantos rodados y arenas o arcillas".
La cantidad de oro extraído por los romanos ha sido uno de los aspectos más discutidos; de hecho, existen importantes diferencias según los autores. David Gustavo López habla de que "el total de oro extraído pudo rondar los 960.000 kg". En su opinión, se lavaron 240 millones de m3 de aluvión, con un contenido en oro de 1,98 gr/tonelada.
Sin embargo, las últimas investigaciones apuntan a que se removieron 100 millones de m3 de aluvión, lo que significaría que el oro obtenido no pudo alcanzar cifras tan abultadas.
Antes de la conquista romana la Zona Arqueológica de Las Médulas estaba habitada por indígenas cuyo núcleo de población eran los castros. El Castrelín de San Juan de Paluezas es un ejemplo de lo que fueron aquellos poblados fortificados que se emplazaban en cerros más o menos aislados desde los que los indígenas divisaban fácilmente el entorno más inmediato y, en particular, sus tierras de cultivo.
El nuevo esquema organizativo impuesto por los romanos hará que los asentamientos se diferencien de acuerdo con su funcionalidad: Cabuerco de Valdelobos, el Castro de Puente de Domingo Flórez o La Corona de Yeres acogieron la mano de obra minera por encontrarse más cerca de la explotación; El Castro Rupiano y el de Corporales estuvieron habitados por gentes cuya misión era el mantenimiento de la red de canales que conducían el agua hasta Las Médulas.
El Castro de Orellán no es tal castro sino uno de esos nuevos asentamientos con una función diferenciada, como demuestra el hecho de que estuviera dedicado a la producción metalúrgica.
Otros, como Las Pedreiras de Lago, albergaron a una población muy romanizada y seguramente vinculada a la dirección administrativa y técnica de las explotaciones auríferas.
El agua se canalizaba desde el nacimiento de ríos y arroyos transportándola a depósitos ("piscinae" o "stagna") situados en la parte alta de la montaña hasta llenarlos. En el momento oportuno, el agua se soltaba repentinamente y a su paso por las galerías abiertas en las entrañas de la montaña se conseguía la erosión y el derrumbamiento de las masas aluviales.La fuerza hidraúlica continuaba actuando, tras el derrumbe, arrastrando la masa hacia los canales de lavado, las "agogae". Los estériles más gruesos se eliminaban antes de penetrar en los canales (eso explica los enormes montones de cantos rodados, denominados "murias", que se ven en todo el entorno) y los estériles más finos se encauzaban por los canales de evacuación hacia los conos de deyección de estériles o colas de lavado.
Así pues, el paso previo para conseguir que la montaña se viniera abajo era la excavación de galerías interiores lo que, sin duda, requirió la presencia de técnicos cualificados. Las dimensiones que presentaban antes de ser sometidas a la erosión continuada del agua variaba entre los 110 y 190 centímetros de altura y el ancho oscilaba entre 100 y 150 centímetros. La forma ovalada de los túneles pretendía conseguir estabilidad durante la excavación a la vez que resistencia para que se produjeran amplias secciones antes de llegar al desplome de los aluviones. El resultado final fue la creación de un auténtico laberinto en las entrañas de la montaña. Primero se excavaba un túnel principal a partir del cual se iban abriendo otras galerías secundarias que desembocaban en el primero. El "ruina montium" se alternó en otros sectores con "sistemas basados simplemente en la fuerza erosiva y de arrastre del agua arrojada desde depósitos situados en lo alto de los frentes de explotación".
En diferentes puntos situados al norte y al oeste del pueblo de Las Médulas se aplicaron "sistemas de explotación selectivos exclusivamente sobre los niveles más ricos del aluvión".La explotación de Las Médulas tal como se realizó no hubiera sido posible sin agua en abundancia. Para procurársela, los romanos construyeron una "infraestructura hidraúlica de gran envergadura" basada en una red de canales o "corrugi" que captaban el agua en el nacimiento de los ríos y arroyos existentes en las vertientes septentrionales y meridionales de los Montes Aquilianos. Llegaron incluso a trasvasar agua de la cuenca del Duero a la del Sil. En total, 325 kilómetros de canalización, excavada en su mayor parte sobre roca, por la que se conducía el agua hasta los depósitos de distribución y explotación ("piscinae" o "stagna").
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