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Los Ancares Leoneses comparten con Galicia y Asturias paisaje, recursos y tradiciones. Su situación queda enmarcada en el cuadrante noroeste de la provincia leonesa, gozando de unas particularidades paisajísticas y tradicionales que convierten a esta zona en comarca para la típica visita ecoturista del verano. Su aislamiento geográfico y el amor al entorno que les alberga de sus habitantes han permitido que Los Ancares lleguen hasta nuestros días conservando una naturaleza plenamente virgen y unas costumbres que aún se mantienen ajenas a cualquier influencia exterior.
El tiempo se detuvo algún día en esta comarca y de hecho, se ralentiza aún más con los rigores invernales en que muchos de los pueblos que se diseminan por la zona, quedan aislados tras el manto blanco del bello elemento propio de la estación invernal.
Su quebrado territorio está formado principalmente por los valles que conforman los ríos Burbia, Ancares y Cúa o Fornela. También pertenece a Los Ancares el pequeño y ya cantábrico valle de Balboay su superficiees de 67.280 Ha. La Reserva incluye en su territorio a 25 poblaciones agrupadas en cinco ayuntamientos: Balboa, Candín, Peranzanes, Vega de Espinareda y Villafranca del Bierzo.
Los puntos de acceso a la treintena de pueblos que configuran los Ancares son varios: Cacabelos, Villafranca del Bierzo, Vega de Espinareda y todos confluyen en la capital Berciana: Ponferrada.
Entre los años 70 y 80 los leoneses descubrieron Los Ancares. Les fascinaron los reportajes periodísticos que contaban que allí quedaban, todavía, aldeas sin luz, cabañas prehistóricas en las que convivían personas y animales, pueblos sin carreteras aislados en invierno por la nieve, tecnología agrícola barrida de Europa hace 200 años... y la montaña, los bosques autóctonos inmaculados, valles profundos y picos inaccesibles. Flora variada y fauna única en León: ciervos, rebecos e incluso osos. Nacía el mito de Los Ancares. Un destino turístico de ida y vuelta en el día si se quiere, pero que empuja a quedarse, siquiera un fin de semana. Un baño de naturaleza y antropología facilitado ahora por el asfalto, las señales y la incipiente hostelería.
Paisaje y vegetación
Burbia, Ancares, Fornela y Balboa constituyen los valles principales por los cuales se disponen los pueblos al amparo de los macizos y ríos que configuran y delimitan la Sierra de Ancares. La litología de esta zona ha originado valles en forma de V y circos. Los montes de estos lugares han sufrido la vejez del tiempo traducida en sus cumbres redondeadas por azote continuo de nieves aguas y vientos a través de cientos o miles de años. Entre las montañas se abren paso los valles horadados por ríos o arroyos que han ensanchado el valle en su caminar para dejar pastizales de alta montaña o brañas, a veces ligeramente inclinados por la orografía del terreno y otras veces perfectamente planos formando pequeñas mesetas que permiten el pastoreo. Paralelamente se encuadran los castaños como elemento característico de estos lugares, aunque también existen bosques de acebo, abedul, avellano, capudre y los robles típicos que en muchas ocasiones, han sido desplazados por las manchas de pino de repoblación. Brezo, escobas, genistas, piornos, arándanos, gencianas, etc. pueblan también estos montes desforestados en muchos casos por la práctica habitual de incendios provocados para aprovechamiento de resiembra o carboneo por el cual se talaron grandes cantidades de arboleda. En la actualidad los incendios siguen siendo frecuentes y afectan al suelo además de las masas forestales. En 1963 se declaró a los Ancares como Reserva Nacional de Caza. Los rebecos desaparecidos en este área por las distintas presiones efectuadas sobre la zona se repoblaron.
Hoy pervive en su hábitat al igual que el urogallo, ave enigmática, con un comportamiento característico. Lobo, ciervo, gato montés, ardilla, águila culebrera, víbora de Seoane, o el oso gigante de nuestras montañas, y la nutria, casi un mito hoy difícil de ver en las aguas todavía limpias, o la gineta, conejo y perdices, constituyen elementos faunísticos propios de estas tierras. Además son abundantes el corzo y el jabalí
Los Picos de Peñarrubia (1.826 m.) Mostellar (1.924 m.) y el Cuíña (1987 m.) dividen por la parte más occidental la provincia con Lugo, siendo Suárbol, Campo del Agua y Balboa los pueblos que se encuentran igualmente más próximos a la provincia vecina por este lado. El Miravalles (1969 m.) limita ya con Asturias y en sus proximidades se encuentra Tejedo de Ancares. Peñalonga (1.890 m.), Cuerno Maldito (1.830 m.) o Tres Obispos (1.795 m.) que se inmiscuyen dentro de los montes que van delimitando los distintos valles.
Pallozas
A pesar de ser especialmente conocidas las de Piornedo, las pallozas son típicas en toda la zona de los Ancares, su forma es circular o elíptica con paredes de piedra y techos de paja, si bien la planta y la distribución pueden presentar variaciones de unas aldeas otras. Hay que tener presente que el diseño de estas construcciones es ante todo funcional con un objetivo claro: mantener el calor en el interior durante los fríos inviernos de los Ancares, lo que se logra tanto mediante elementos constructivos como las gruesas paredes de piedra o las pequeñas y escasas ventanas como gracias al calor generado por el fuego de la "lareira" (verdadero centro de la vida en la casa) y por las propias vacas que también vivían bajo el mismo techo.
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